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Este sábado tuvimos la dicha y la gran oportunidad de despedir a nuestro querido gran amigo y “explorador”, Federico Kircher, quien deja estas tierras en búsqueda de nuevos rumbos por motivos laborales; y lo hicimos tal cual se merecía: volando y en un sitio nuevo para él ! Qué mejor regalo que ese para todo un explorador en este bello país !. Primero fuimos en búsqueda de un vuelo más alto de montaña hacia los lados de Pacaya, pero después de una serie de contratiempos, mal tiempo y un viento norte que auguraba cero posibilidades de vuelo para ese día, nos propusimos seriamente hacer de todas todas una despedida a nuestro gran amigo, así es que emprendimos viaje hacia el Pacífico con “viento de cola”. Quisimos ir a San Miguel, pero los nortes seguían empañando nuestros deseos, fuimos hasta Caldera con la esperanza de que casi siempre se vuela ahí y nuestra frustración seguía latente. Después de tantos kilómetros recorridos y cada vez viendo menores nuestras posibilidades de vuelo, hicimos una breve parada donde nuestro gran amigo “Jairo” para tomarnos algo y comer un poco para seguir pensando seriamente en nuestras posibilidades de vuelo. En ese breve descanso, llegó otro compañero de vuelo el “gran Tavo” ( quien venía también con una alta dosis de frustración, al igual que nosotros ) y nos recomendó que fuéramos a Jacó donde últimamente se estaba volando bastante bien pese a los nortes, así es que no dudamos ni un segundo, pagamos la cuenta y nos enrumbados hacia el prometido sitio de vuelo. Finalmente llegamos al sitio y para sorpresa nuestra el viento estaba perfectamente orientado y nos permitió darle su regalo a Federico. Las condiciones no podían estar mejor y salimos a volar por espacio de una hora “termaleando” junto con las “lapas” de la zona y un bello atardecer; Daniel Cortaberría, Federico, “Yoyito”, Juan Ignacio Acuña, Tavo, luego se nos unió “Grampa” y Yo. Cuando aterrizamos, nuestra alegría se desbordaba y finalmente pudimos decirle a Federico “ Hasta pronto amigo” aquí seguirás teniendo siempre tu casa y tus amigos que te quieren. Miguel A. Dib Bertrán.-
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